Posted in

PARTE 2 — Renata conservó durante cinco años la prueba de mi supuesto abandono, pero al comparar nuestros teléfonos descubrimos quién había hablado y firmado en nombre de los dos

Signature: xnGwJnWqTnoM7vrbKwokhL46erS8+RGHRvFiy1wES8linCU1NE0R+UvX34kdBgX0Ma2C5Rp/l4qsjh7hwunE6wpPe5ctXhG4FD4S9HfY+gkPDyyB5/ZB7n1ahYH6nvW2gpKTau4pIzAAv1mV/zmsvqyagaZZmi/xwTJmP2BTvHVJh+Z1h7KVgCQbGhl42sKXkSi/OxuVvErj6I1d2BfXBXxhZmkE9RbbL7UzAAxWkmJGA2Ds0maqBj0VmfqRCWpG2hU344lleOeaK56QkTO4VPCrtHcSQvZJAu6oT4PKyDciRFhUQZV9HQoMaMlK23T2bxfS2K81cc1Q2FeFi8eXYkpYv+oojck5dpz6Tq+6t9/r8rinOWbUG1xqYHyDeSQuj34dBVHfgvVlfoKncu4S7fs1jofzl+UGTnnW2MJpVWsFBBRDKbSOIYIPa7g8FzSs4ekxl6p2oLkC71cwRKzyqoJOsQFf6M8v5yn+oXatdNXjZ+idyWrefP2kVHwIlOBYxU4kALzT5B4HQMS4gT9cQE53ooHZyGvE6jZ41e+LXG7e3pbXhe6tot3Fby5P9jNDru6jciQHZox1/A//J4oiuUMXLyZYqNzwsMufOfmiPn22QrwM4LzOcBYq1uteCMPr/V6sqHoxNmjS/VwXqYdGbu+6Y1qpHYYVbjuJO22Kym8DnzUshKjVw7rtPC6z2ztMFoonl3M+D0cFDGlq04RzL7EQrAkf9gpJOei2zKSBZhuPL4YhJC8e/JflvgVeIGn214A3e/Qzuv5Nu2P5oN8LD+8lSmIpb6OtG7t3EOxDa2cu0uaxde4HT+wBNyD3pE5cVyWzQZCoDINKduGHgQ+wXez+J3kTPilz8hpN8JzdG7NB2+yxiDsthN+FgmUfjcdADM0awNT4Vou45iav5XUZk5b/oQlXI+JCdRbgNaV3A01JD6j8jDthGrLdxvc0UXi1wkgWm7C2YFv98/J98MigRWNOWUJJ1dPqEipYXs0qXr4=

—Yo nunca firmé esto.

"
"

Renata me sostuvo la mirada.

—También dijiste que mis hijos no merecían llevar tu apellido.

Marisol intentó arrancarme el documento.

—No tienes que escucharla, Gabriel. Vámonos.

Aparté su mano.

Por primera vez desde que la conocía, su seguridad pareció romperse.

Renata llevó a los niños con una maestra y aceptó hablar conmigo dentro de un salón vacío. Marisol quiso entrar, pero cerré la puerta frente a ella.

Renata colocó sobre un pupitre recibos, capturas de pantalla y una carta notariada.

Cuando estaba embarazada, había ido a buscarme al hospital. Una mujer aseguró ser mi administradora y le entregó aquel documento.

Esa mujer era Marisol.

—Me dijo que estabas despierto, pero que no querías verme —explicó Renata—. También ofreció noventa mil pesos para que abandonara Jalisco.

—Yo ni siquiera podía mover la mano.

—Lo supe demasiado tarde.

Le mostré los mensajes que había recibido desde su número.

En ellos, Renata supuestamente confesaba que los bebés eran de otro hombre y me exigía no buscarla.

Ella palideció.

—Me robaron el teléfono en la sala de espera del hospital.

Revisamos las fechas.

La tarjeta SIM había sido reemplazada al día siguiente mediante el plan empresarial de mi taller. En aquel tiempo, solamente dos personas administraban esa cuenta.

Yo y Marisol.

Salí del salón con el cuerpo ardiendo.

Marisol me esperaba junto a la cancha.

—Dime que no fuiste tú.

—Estabas destrozado —respondió—. Tu negocio se hundía y esa mujer apareció embarazada. Alguien tenía que protegerte.

—¿Falsificaste mi firma?

—Te di una vida mejor.

Encendí la grabadora de mi teléfono dentro del bolsillo.

—Me robaste a mis hijos.

Ella notó el movimiento, me arrebató el aparato y lo estrelló contra el piso.

—No tienes idea de lo que puedo quitarte.

Esa noche cancelé públicamente la boda.

A la mañana siguiente, las cuentas del taller estaban bloqueadas. El padre de Marisol reclamaba una deuda millonaria respaldada por documentos que yo tampoco recordaba haber firmado.

Renata recibió una denuncia por extorsión acompañada de audios donde supuestamente exigía dinero para guardar silencio.

Cuando llegué a su departamento, dos agentes revisaban sus pertenencias.

Los niños lloraban abrazados a ella.

Renata me miró con los ojos llenos de desesperación.

—Te dije que acercarte a nosotros iba a destruir lo poco que habíamos conseguido.

Entonces uno de los agentes encontró dentro de su bolso un sobre con cincuenta mil pesos.

Renata juró que jamás lo había visto.

Pero en los billetes aparecieron sus huellas.

Disclaimer : This content may be created by AI for entertainment purposes. Any resemblance to real persons, events, or places is coincidental.