La voz resonó desde lo alto de la escalera, fría, calmada y terriblemente familiar. Giré la cabeza, aterrorizada. En el umbral de la puerta, recortado contra la luz del pasillo, estaba Diego. No se había ido a Querétaro. Me había estado vigilando todo el tiempo.
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La voz resonó desde lo alto de la escalera, fría, calmada y terriblemente familiar. Giré la cabeza, aterrorizada. En el umbral de la puerta, recortado contra la luz del pasillo, estaba Diego. No se había ido a Querétaro. Me había estado vigilando todo el tiempo.

PARTE 2: La silueta de Diego descendió lentamente los doce escalones de piedra. Cada pisada suya … La voz resonó desde lo alto de la escalera, fría, calmada y terriblemente familiar. Giré la cabeza, aterrorizada. En el umbral de la puerta, recortado contra la luz del pasillo, estaba Diego. No se había ido a Querétaro. Me había estado vigilando todo el tiempo.Read more

No venía del viento. Venía del interior del tronco. Un sonido de succión, de fibras vegetales estirándose para dar paso a una masa líquida que ascendía desde las raíces hacia las ramas superiores. Valeria miró el higo que tenía a pocos centímetros de su rostro. La fruta se abrió sola, revelando su interior rojo, y una gota de ese líquido espeso cayó sobre su mano. No era savia. Era densa, caliente, y tenía el inconfundible olor a hierro de la sangre fresca….
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No venía del viento. Venía del interior del tronco. Un sonido de succión, de fibras vegetales estirándose para dar paso a una masa líquida que ascendía desde las raíces hacia las ramas superiores. Valeria miró el higo que tenía a pocos centímetros de su rostro. La fruta se abrió sola, revelando su interior rojo, y una gota de ese líquido espeso cayó sobre su mano. No era savia. Era densa, caliente, y tenía el inconfundible olor a hierro de la sangre fresca….

Parte 2: El pánico la hizo perder el equilibrio. Valeria resbaló de la rama y cayó … No venía del viento. Venía del interior del tronco. Un sonido de succión, de fibras vegetales estirándose para dar paso a una masa líquida que ascendía desde las raíces hacia las ramas superiores. Valeria miró el higo que tenía a pocos centímetros de su rostro. La fruta se abrió sola, revelando su interior rojo, y una gota de ese líquido espeso cayó sobre su mano. No era savia. Era densa, caliente, y tenía el inconfundible olor a hierro de la sangre fresca….Read more

De repente, el sonido del cerrojo de la entrada principal abajo anunció el regreso de Doña Elena. Había vuelto antes de tiempo. Mateo cerró la libreta, salió de la habitación a toda prisa y cerró la puerta con llave justo cuando los pasos de su madre comenzaban a subir la escalera de piedra.
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De repente, el sonido del cerrojo de la entrada principal abajo anunció el regreso de Doña Elena. Había vuelto antes de tiempo. Mateo cerró la libreta, salió de la habitación a toda prisa y cerró la puerta con llave justo cuando los pasos de su madre comenzaban a subir la escalera de piedra.

Parte 2: La paranoia se convirtió en el único estado de conciencia de Mateo. Ya no … De repente, el sonido del cerrojo de la entrada principal abajo anunció el regreso de Doña Elena. Había vuelto antes de tiempo. Mateo cerró la libreta, salió de la habitación a toda prisa y cerró la puerta con llave justo cuando los pasos de su madre comenzaban a subir la escalera de piedra.Read more

Regresé al interior, sintiendo que las paredes se encogían a mi alrededor. El aire pesaba. Cada rincón oscuro parecía albergar un ojo de cristal que me observaba, juzgando mis pensamientos, midiendo mis pasos. La paranoia, esa semilla que Sergio plantaba con tanta destreza en los demás, comenzó a germinar también en mí.
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Regresé al interior, sintiendo que las paredes se encogían a mi alrededor. El aire pesaba. Cada rincón oscuro parecía albergar un ojo de cristal que me observaba, juzgando mis pensamientos, midiendo mis pasos. La paranoia, esa semilla que Sergio plantaba con tanta destreza en los demás, comenzó a germinar también en mí.

PARTE 2: El aire dentro de la casa se volvió irrespirable durante la semana siguiente. Intenté … Regresé al interior, sintiendo que las paredes se encogían a mi alrededor. El aire pesaba. Cada rincón oscuro parecía albergar un ojo de cristal que me observaba, juzgando mis pensamientos, midiendo mis pasos. La paranoia, esa semilla que Sergio plantaba con tanta destreza en los demás, comenzó a germinar también en mí.Read more

Me puse de pie de golpe, horrorizado, derribando la silla. Mi padre y el cadáver de Valeria levantaron la vista al mismo tiempo, y ambos esbozaron una sonrisa grotesca, abriéndose de oreja a oreja de manera idéntica.
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Me puse de pie de golpe, horrorizado, derribando la silla. Mi padre y el cadáver de Valeria levantaron la vista al mismo tiempo, y ambos esbozaron una sonrisa grotesca, abriéndose de oreja a oreja de manera idéntica.

El hedor a químicos de embalsamamiento y a descomposición brotó del cuerpo de Valeria con tal … Me puse de pie de golpe, horrorizado, derribando la silla. Mi padre y el cadáver de Valeria levantaron la vista al mismo tiempo, y ambos esbozaron una sonrisa grotesca, abriéndose de oreja a oreja de manera idéntica.Read more

Me puse de pie de un salto, derribando la copa de agua. Mi padre no se movió; seguía sonriendo con esa misma mueca grotesca, mientras el armazón que decía ser mi hermano extendía sus brazos de madera hacia mí.
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Me puse de pie de un salto, derribando la copa de agua. Mi padre no se movió; seguía sonriendo con esa misma mueca grotesca, mientras el armazón que decía ser mi hermano extendía sus brazos de madera hacia mí.

El hedor a ciénaga y a madera descompuesta inundó el comedor por completo, borrando cualquier otro … Me puse de pie de un salto, derribando la copa de agua. Mi padre no se movió; seguía sonriendo con esa misma mueca grotesca, mientras el armazón que decía ser mi hermano extendía sus brazos de madera hacia mí.Read more

Me puse de pie de golpe, horrorizado, derribando la silla. Mi padre observó la escena sin inmutarse; seguía sonriendo con la misma mueca grotesca que ahora compartía el cadáver de mi madre.
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Me puse de pie de golpe, horrorizado, derribando la silla. Mi padre observó la escena sin inmutarse; seguía sonriendo con la misma mueca grotesca que ahora compartía el cadáver de mi madre.

PARTE 2: El olor a vinagre agrio y el hedor a descomposición inundaron el comedor, apagando … Me puse de pie de golpe, horrorizado, derribando la silla. Mi padre observó la escena sin inmutarse; seguía sonriendo con la misma mueca grotesca que ahora compartía el cadáver de mi madre.Read more

Esteban abrió la boca y sus dientes cayeron al suelo tintineando, revelando una caverna oscura y profunda en el interior de su garganta: —Es tu turno, Diego. El pacto necesita una línea de sangre más para completarse.
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Esteban abrió la boca y sus dientes cayeron al suelo tintineando, revelando una caverna oscura y profunda en el interior de su garganta: —Es tu turno, Diego. El pacto necesita una línea de sangre más para completarse.

La habitación del altar quedó sumida en un silencio abrumador, roto únicamente por el siseo espeluznante … Esteban abrió la boca y sus dientes cayeron al suelo tintineando, revelando una caverna oscura y profunda en el interior de su garganta: —Es tu turno, Diego. El pacto necesita una línea de sangre más para completarse.Read more

Sofía esbozó una sonrisa que se abría hasta las orejas; sus ojos estaban desorbitados y dos hilos de sangre brotaban de sus comisuras:  —Es hora de cenar, hermanito. Nuestra familia… finalmente está unida.
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Sofía esbozó una sonrisa que se abría hasta las orejas; sus ojos estaban desorbitados y dos hilos de sangre brotaban de sus comisuras: —Es hora de cenar, hermanito. Nuestra familia… finalmente está unida.

El aire en la habitación del altar parecía densificarse. El olor a cera, a flores de … Sofía esbozó una sonrisa que se abría hasta las orejas; sus ojos estaban desorbitados y dos hilos de sangre brotaban de sus comisuras: —Es hora de cenar, hermanito. Nuestra familia… finalmente está unida.Read more